Wednesday, November 22, 2006

La Guerra

La verdad es que me gusta pelear. Lo busco, lo deseo, lo disfruto. Amo el aroma excitante de mi cuerpo antes de la batalla. Mi piel extraña esa sensación de estremecimiento cada vez que doy los pasos y abro la puerta que me llevara a la batalla.

No soy una guerrera cualquiera. Disfruto la llama en los ojos de mi adversario, el sonido de la daga saliendo de su vaina y el brillo intenso de la hoja cortando el aire hasta tocarle. Sostengo el aliento para guardar mi fuerza, respiro lento, dejo entrar el aire caliente. Es la hoguera de mi sangre alimentándose mientras arde e ilumina el terreno.

Aún así, me gusta la elegancia, me gusta la figura. Soy más bien una esgrimista, quizá un samurai. Con cada una de mis batallas, con cada uno de mis adversarios, cobro una ganancia: mi arte se afina, mis armas se afilan.

Algunas batallas perdidas pero la guerra sigue siendo mía. Yo sigo caminando, dejando mis heridas curar al sol, mientras muchos y muchas se van quedando atrás. Mi aliento se vuelve espada, mi espada adquiere filo a cada golpe que atraviesa almas. Cada instante más fino, cada instante más profundo, uso mis armas a mi placer. No busco el silencio, debo decir, no es mi arma favorita. Prefiero mi cuerpo contra su cuerpo, sus ojos encendidos contra mi mirada penetrante. Prefiero la noche acompañando la batalla. Prefiero comer a un adversario fino que indigestarme con un gusano que apuñale mi espalda.

Debo decir para aquellos que no lo saben aún, para aquellos que no lo habían notado aún: Amo la batalla, pero por encima de todo, Amo ganar la Guerra imponiendo mi Aroma a Mujer.

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