Te sentí esta noche
Escribiste en mi corazón sin saberlo tus palabras sedientas de venganza. Murmuraste palabras que se volvieron huracanes, mas no pudiste ver. Una nube negra se pozo sobre tus cejas y oscureció tu camino, mientras yo navegaba una balsa en medio de la tormenta que se desató en tus costas y alcanzó mis más profundos territorios. Me estremecí en un segundo, sudaba y cada gota resbalaba fría sobre mi cuerpo caliente de lucha y confusión. Tomaba las velas, izaba las sogas, gritaba al viento que parara o me explicara o me mandara matar de una vez. No quise navegar estos mares sola, quería navegarlos contigo. Quería hundirme, si así lo dictaba mi destino, en las mismas aguas donde tu te sumergieras. Quería juntar mi boca con la tuya y dar vida al aire, llenar tus pulmones de paz, de mí, de amor, de mí, y yo comerme ese carbón ardiendo que atascaba tu garganta y llevarlo dentro de mí aunque me quemara, llevarlo dentro de mí hasta mis entrañas y hacer de él un fuego, una llama, una gota de sangre derramada bajo la orden de la luna. Quería ser yo quien cargara y escupiera mientras tú dormías tranquilo. Quería ser yo quien no gritara la sarta de palabras que me trague al robarte tu voz y cambiarla por sueño. Eres todo mío, tan mío que no quiero que pases tú por esta noche oscura. Tu miedo me consume a mí hasta el punto en el que nuevamente decido volar, dejar de ser ceniza y resucitar. Eres mi ala izquierda, mi mapa perdido, mi luz cegadora. Yo soy tu aire fresco, tu ave real y tu noche de luna llena. Quisiera evitar tormentas pero por ti, soy la mejor poeta del mundo, por ti, soy la mejor marinera del universo.

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