Tuesday, June 02, 2009

Aquella tarde abrí los ojos en este lugar. No sabía que me encontraba aquí. No sabía que se encontraba alojado en mí este lugar. Apenas una brisa fría anunciaba su presencia cuando me soltabas de tus brazos, cuanto te guardabas en silencio. En este lugar visto ropas extrañas, añejas, apretadas y desgarradas por su mal uso, por la asfixia que causa llevarlas, por el dolor de cada una de las cintas que recorren mi cuerpo para anclarlo aquí, a este lugar. Aquí guardo la angustia de una soledad aprendida, largamente asumida, tristemente aguantada hasta que unos brazos me tomaran en su seno y me tapan los ojos para poder volverme a engañar con que no estoy en este lugar, no visto estas ropas viejas, no guardo esta soledad asumida, no cargo con esta angustia. Hoy camino despierta por estos valles, esta noche, este silencio frío que me rodea, que asumí presente, que me dispongo a conquistar. Hoy caminé sola por estas tierras perdidas. Hoy me di cuenta que hay otras sombras rondando vagabundas y silenciosas, huyendo del desasosiego de este silencio. Es como estar en un cementerio de sueños, es como perderse en una neblina de dudas.

Dejé mi caballero atrás, lo dejé lejos. Hay travesías que no podemos recorrer juntos. Hay caminos que quiero recorrer sola. Hay fríos que quiero sentir hasta el hueso y hay leñas que quiero encender sola en mi corazón. Caballero, tú recorres otro bosque, otros silencios, otras neblinas. Tú como yo caminas, a veces dormido, a veces despierto. Tú como yo buscas, esperas, añoras, deseas. Tú como yo y yo como tú no paramos de caminar, de andar los senderos que sin saberlo llevamos dentro. Caballero, aquella tarde abrí los ojos en este lugar, aquella tarde sentí que aquí se esconde un comienzo. Caballero, toma la espada y lucha. Anda. Encuéntrame al final de tu sendero que yo recorro el mío esperando encontrarte vivo a la salida del túnel.

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