Monday, February 26, 2007

Estaba sentada cerquita de la ventana, pensando en lo bonito que se ve el sol cuando toca el mundo, cuando se asoma por mi ventana. Pensaba en infinitas posibilidades, pensaba en calma, en pasitos pequeños, en noches tranquilas de sueño. Estaba sentada así junto a mi ventana pensando en ti, en tu cariño, en los colores rosa, blanco y amarillo. Lindas combinaciones como de las flores que me tomo a diario, en ratos y que al beberlas me causan una cosquillita chistosa aquí en el corazón, una cosquillita como de vida, como de que es bella, de que nada se acaba, de que todo pasa y todo tiene un inicio y cada momento es vida. Hoy me levanté embriagada, literalmente, y en mi vuelo pensaba en mis días, en mi trabajo, en mi casa, mi comida, mis fiestas y mi cama. Fue cuando surgió en mi cabeza una idea, justo de esas que no sé si se me ocurrieron a mí o a quién o si las escuché en algún lado en esta vida o en la otra. No lo sé, pero sé que vi que cada momento es vida, es mí vida, en cada momento la estoy construyendo y cada momento tiene un significado real. A veces me pierdo en el camino pensando en que lo importante está en el futuro, en que la vida empieza realmente cuando logro esto o aquello. Soy mi principal espía y mi principal soplona. Me acuso a mi misma ante mi que estaba pensando en el futuro tanto, en lo que quisiera hacer como si fuera el oro al final del arco iris, olvidándome que la belleza de sus colores a cada paso que doy. Pues si, será eso, es eso, serán las florecitas quizá, pero hoy me di cuenta que cada segundo es vida, la bella vida, la importantísima vida, la infinitamente bellísima vida.

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