Tuesday, March 13, 2007

Mañanas calladas

Amo la calma de las mañanas calladas. Levantarme, soltar el sueño, caminar con mis pies descalzos sobre el barro cocido hasta aquel lugar mágico, donde las formas y los colores cambian, los aromas conquistan y el placer de la charla amena conmigo misma me inspira a repetir interminablemente este ritual.

Tomo la sabia y el tesoro negro, los mezclo creando formas ilógicas que quizá hablen de futuro y que a mi me hablan del presente, de la mañana, de las formas que se disuelven en ellas mismas, que se olvidan, se subliman hasta el punto máximo de una mañana de sol y aire fresco, de meditación con los ojos abiertos y de esperanza silbada con voz de viento y aves.

Disfruto tanto estar así, en ese espacio y tiempo precisos donde no existe nada, tan solo paz. Tan solo mis reflexiones danzando suavemente la música del mundo, del amanecer prometedor y sincero, tranquilo, en comunión con el todo y la nada, con los seres, las voces, los ecos lejanos y el susurro pendiente en mi oído y en mi corazón.

Amo las mañanas de sol y aire fresco, de soledad, de paz, de comunión conmigo misma. Amo el sabor de la sabia en mi boca y el calor en mi vientre inundándome de esperanza para un nuevo día. Amo mis mañanas de ritual, mis mañanas vivas y brillantes, amo la paz que siento cuando me siento, sintiendo que estoy conmigo.

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