Saturday, October 20, 2007

Sentada con mucho cansancio en mis hombros, espero. Me miro frente al papel y no me encuentro. Hace tiempo ya que las palabras no fluyen en esta via láctea, papel tan blanco que intimida o reniega de mis corazones. Quiero con tantas ansias escribir y no puedo. Quiero con tantas ganas decir lo que por mi mente pasa y no puedo. Quiero con tantas ganas gritar que estoy convencida de lo que hago y que me frustra estar rodeada de mediocridad, de gente a medias, de apatía, de pinche hueva. Ya no doy todo como antes pero no dejo de dar. Ahora doy mejor, doy de mí y para mí, siempre doy porque se me da, porque por alguna razón se me da. Este esfuerzo por poner palabras es un suplicio. Camino lenta y con dificultades, camino corta y con demasiadas pausas. Se acerca el recuento de los daños.

Tú me quieres blanca

Huye hacia los bosques,
Vete a la montaña;
Límpiate la boca;
Vive en las cabañas;
Toca con las manos
La tierra mojada;
Alimenta el cuerpo
Con raíz amarga;
Bebe de las rocas;
Duerme sobre escarcha;
Renueva tejidos
Con salitre y agua;
Habla con los pájaros
Y lévate al alba.
Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.

A.S.