Colgué el teléfono quedándome con una sensación de ansiedad y sabor a letras. Pensaba que hablamos de la vida como si ella fuera ajena a la vida misma. Hablamos y hablamos como si las palabras llenaran ese espacio dedicado precisamente a vivir. Que si la vida, que si la gente, que si el amor, que si la inconciencia. Frente a un café, todo parece tan perfecto, tan sencillo y descifrable. De esa manera, todos sabemos que la vida es la vida y la pasamos fácil, aunque frente a ella, casi todos tenemos frío.
Unos hablan de soledades que no hacen nada por borrar, otros hablan de apertura al mundo con tan solo unos cuantos elegidos, a veces circunstancialmente, a veces desesperadamente, a veces por omisión. Caminamos en nuestra búsqueda inconsciente con bandera de futuro mejor. Miramos caras, calles, luces buscando el amor que nos rescate o el amor que en el fondo nos da miedo encontrar.
Cada día nos cruzamos cientos o miles de destinos corriendo en el cause urbano. De vez en cuando chocamos y nos quedamos frente a frente, nos vemos desconociendo el universo que se nos puso enfrente y aún así, nos dejamos pasar. Se nos olvidó como leer a la vida, como darle una oportunidad a cada instante. Como diría el poeta, se nos olvidó como volar. Y sin saber si ese universo dará con nosotros vida a una estrella o quizá sea un hoyo negro o un jardín japonés, con gran facilidad nos seguimos sin realmente mirar.
Me parece que vivimos en la no búsqueda. Deseo, invoco, busco con el miedo profundo a encontrar. Entonces cuando por fin nuestro tesoro esta frente a nosotros, no lo reconocemos detrás de tantas cortinas de humo y de cultura, de supuesta modernidad. Qué pasaría si el universo se decepcionara tan fácilmente como nosotros? Cada vez que no entendemos las coincidencias, cada vez que nos rajamos, nos rendimos, cada vez que corremos asustados. No quiero ni pensar el caos que reinaría, siendo que ya la vida me parece un chiste. Religión y Power Rangers, amor virtual, café en polvo, sleeping pills, el presidente de un país en guerra perdonando la vida a un pavo. Sin comentarios. Me cansé de comentar la estupidez. Cómo salvar a la fe en peligro de extinción?.
Deberíamos comenzar un movimiento a favor del respeto y el libre ejercicio de la Fe. La Fe en el mundo, en nosotros mismos, en el otro, en la otra, en los amantes, en los colaboradores, en los amig@s, en las noticias, en los libros, en la preciosísima magia de las diferencias. Fe en que al cruzar la calle o al bailar una salsa, dos miradas se cruzan de repente para dar vida a la infinita curiosidad de conocerse, encontrarse en algún punto entre dos mundos, descubrirse jardines u hoyos negros, irse o quedarse, siempre después de haberse descubierto.
Todos los días me levanto y pienso - hoy es un nuevo día para recuperar un poco más mi fe-; para regarla y darle sol, para salir a la calle y con una sonrisa o con una llamada dar vida a la fe ajena, quizá desconocida, quizá jamás descubierta. Me gusta ser guardiana de la Fe, ha traído Ángeles a mi vida. Y sin embargo, veo como a todos en el mundo nos gusta pelear, a mi también. Guerreamos contra la sinceridad, contra lo que no entendemos, lo que se siente distinto a la profunda apatía que hemos dejado instalarse en nuestros huesos. Peleamos a la soledad con soledad, a la apatía con desconfianza, peleamos sin siquiera darnos cuenta que lo hacemos. Sencillo “el mundo es así”. Yo digo NO, el mundo no es así. Mi mundo no será así, aunque el cielo se me nuble a veces. Mi mundo será verde, azul, viento, agua, calor, será acogedor para aquellos deseosos de recuperar su Fe, para aquellos que saben que se puede volar, para aquellos dispuestos a morir por amor y resucitar.