El cuento más corto del mundo
Cuándo despertó, el dinosaurio todavía estaba alli.
Augusto Monterroso
Cuándo despertó, el dinosaurio todavía estaba alli.
Después de la euforia viene la nostalgia.
Amo la calma de las mañanas calladas. Levantarme, soltar el sueño, caminar con mis pies descalzos sobre el barro cocido hasta aquel lugar mágico, donde las formas y los colores cambian, los aromas conquistan y el placer de la charla amena conmigo misma me inspira a repetir interminablemente este ritual.
Tienes en tus manos un destino, no existen más que flotas. Tomas tus lazos y estiras por el camino directo que te lleva al cielo. No hay más, no hay otra u otro, solo vos y la voz que de tu garganta sale dibujando un árbol, un cielo, una piedra y un camino. Avanzas, tan solo caminas directo, sin tregua, hacia el horizonte que promete historias propias, tan solo propias, acogedores brazos y dulces sueños en un mar que no conoce tormentas o cielos rojos. Brillante como la luz de la que se desprende una sonrisa, no me explico como vas por donde vas, porque desconozco la calma de tu balsa, de tu vuelo o de tus pasos. Las noches se visten de días para quien no hace más que sonreír, pensar y reír. Un niño solo es niño. Un niño solo conoce los colores como son, como se dibujan en el arco iris, aun cuando se escriba todo un tratado alrededor de él.